Este espacio en [de]construcción es un registro de cuerpas asesinadas en la crueldad que la heterosexualidad como régimen político detenta para ciertas existencias.

Travas, tortilleras, maricas, tomboy, prostitutæs, mujeres trans, mujeres estigmatizadas, trabestias, racializadas, migrantas, monstruas, cuerpas mutantas, que ya no están.

Aquí hay muertas, maravillosas existencias, quitadas de la vida por los eternos envidiosos de su maravillosidad. Hay muertæs bilipendiadas por la prensa y la sociedad, de esæs que desbordan los márgenes de la pacificación forzada de estos tiempos y que son auto-responsabilizadas por los asesinatos, agresiones y vejaciones que se les cometieron.

Aquí hay muertas, estigmatizadas porla normalidad que procrea constante distintas formas para intentar controlarnos, para intentar aniquilar y desposeernos de la potencia de nuestras rarezas y capacidad de singularizar.

Aquí hay muertas, asesinadæs, a quienes matan no sólo para quitar una vida, sino como método para expropiarnos a muchas, la capacidad de intentar otras vidas posibles fuera de las trazadas por el deseo de normalidad.


Este espacio es al mismo tiempo un archivo, un homenaje, un memorial. Es también otras cosas... tal vez un vómito, un canalizador, una tormenta de lágrimas poderosas. Es un llamado al recuerdo, un aullido de guerra a la guerra, un entramado de historias de læs desterradæs de la Historia oficial. Es un latido de memoria, una llamada a no dudar de lo que presencian nuestros sentidos cuando percibimos el exterminio que nos rodea, una maldición a quienes nos han puesto las manos encima para dañarnos. Aquí en este espacio cubierto de muertæs, no hay hechos aislados.



Y Hay tantas y quisiera nombrarlas a todas, no olvidar a ninguna. Con todæs en el putito corazón...




lunes, 25 de marzo de 2019

José Roberto Díaz asesinado a sus 18 años, Guatemala


"José fue torturado y marcado con un arma cortante en el abdomen. Allí sus victimarios dejaron escritos mensajes homofóbicos: “morro, hueco y maricón”. Y tenía marcado el número 18 en su rostro, símbolo de una mara que opera a nivel centroamericano. (...) José integraba el colectivo comunitario de base “Trabajando Unidos por Huehuetenango”. Uno de sus compañeros de la organización aceptó hablar con Presentes pero pidió anonimato. “Hemos sufrido bastante. Sabemos existen personas que condenan la homosexualidad. Hay una sociedad moralista y religiosa que nos están vigilando. Nos van marcando, viendo quiénes somos las cabezas del colectivo para mandar ese mensaje simbólico, como lo hicieron con las marcas que le infringieron a Josecito”. 
SEGUIR LEYENDO nota de prensa en: Asesinaron a joven activista y dejaron mensajes de odio en su cuerpo

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